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La finca de Argiano se extiende por más de 100 hectáreas,
en un magnífico paisaje agreste,
en el cual las hileras de viñedos se alternan con olivares y prados,
rodeados por exuberante maquía mediterranea.
El monte Amiata, situado al sureste,
crea una protección natural contra posibles
eventos climatológicos de singular intensidad,
tales como aguaceros o granizos.
La altitud y la consiguiente ventilación consienten
los beneficios de la corriente moderadora de la Maremma
(la zona de la marisma de la Toscana), creando un microclima apacible,
con un alto número de jornadas serenas durante toda la fase vegetativa,
ideal para un desarollo completo y sano de las uvas.
Ya desde el lejano 1500
las viñas fueron destinadas a la producción de vino,
únicamente para el consumo privado de las familias nobles.
La predisposición para la excelencia y la altísima calidad se evidencian
ya a partir del 1934, como testimonian los numerosos premios recibidos por la óptima
producción agrícola, que en estos últimos decenios se ha visto consolidada gracias
a la producción de vinos de alto nivel que han adquirido fama mundial.
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