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La hacienda de Argiano se encuentra
en el término municipal de Montalcino,
un diminuto pueblo medieval enclavado
en lo alto de una colina a 500 metros
sobre el nivel del mar.
El poeta Alfonso Gatto definió Montalcino "un pueblo de confidencias,
un conjunto que forma el antepecho para el apocalipsis".
Esta pequeña joya medieval
está arropada por un paisaje de rara belleza,
que lejos de aglomeraciones
industriales y de las grandes vías de
comunicación ha podido mantener intacto su encanto.
Las hileras,
pulcramente cuidadas,
de viñedos se concentran en la faja media de la colina,
y se alternan con olivares y densos matorrales mediterráneos,
que recubren gran parte del territorio.
Por cierto, Montalcino debe su nombre al bosque:
"Mons Ilcinus", del latín monte de las encinas,
árbol muy difuso en la zona y que está representado en el antiguo blasón del ayuntamiento.
Las manchas siempreverdes de maquía
que colorean el paisaje constituyen un vasto pulmón verde,
ingrediente natural y fundamental en el delicado equilibrio
que convierte este territorio en uno de los más prestigiosos
en el panorama vitivinícolo internacional.
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